equilibrio emocional

El equilibrio emocional también se aprende

Aunque no lo parezca, el equilibrio emocional también se aprende. Sin duda, atravesamos una etapa un poco convulsa. Cambios sociales y educativos, contexto económico especial, escala de valores diferente, etc. Miles y miles de aspectos que hacen que muchas personas ya no sientan la estabilidad que antes estaba establecida.

Se avecinan nuevos tiempos donde conocer quiénes sómos y saber qué es lo que esperamos de nosotros mismos en la vida será el mejor camino para encontrarnos bien, saber que nuestras emociones están en equilibrio y podemos tener un día a día en paz.

Parece fácil, pero a veces no lo es tanto. ¿Por qué? Pues como todo en esta vida, porque el día a día está lleno de sorpresas, de cambios inesperados y de vicisitudes.

Sin embargo, sí hay muchas cosas que podemos hacer por nosotros mismos: Conocernos, saber qué es lo que nos hace alcanzar esos momentos de felicidad o, al menos, de serenidad y bienestar mental, a pesar de los posibles obstáculos que nos encontramos.

Para la Doctora Ana Gabizu, hay una serie de claves que nos aportan muchos beneficios e influyen más de lo que pensamos en nuestro estado emocional. Por ejemplo, llevar una buena alimentación.

La educación emocional y mejora el bienestar global de cada persona a través del desarrollo de la atención, la inteligencia emocional, la meditación o la nutrición.

Para desarrollar el equilibrio emocional es necesario incluir este capítulo como una parte más de nuestra salud. En caso de no saber cómo enfocarlo, siempre existen buenos profesionales de psicología que nos ayudan ampliamente.

¿Sabes qué beneficios aporta cuidar nuestro estado emocional?

Disminuye los de estados de ansiedad, apatía o depresión.

Se incrementa notablemente la capacidad de reconocer las expresiones emocionales en los demás.

Nuestra atención se vuelve más estable y relajada.

Se reducen los malos pensamientos y las preocupaciones.

Aporta un valor adicional para controlar la presión sanguínea alta, el estrés.

Incrementan los pensamientos positivos hacia uno mismo y los demás.

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