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Trastornos de la Conducta Alimentaria ¿Qué son?

¿Sabemos a qué se denomina Trastornos de la Conducta Alimentaria ¿Qué son? Tener unas pautas poco equilibradas en nuestra alimentación se convierte, en ocasiones en un problema que esconde, en la gran mayoría de los casos, algún desequilibrio interno, psíquico. Puede ser leve y circunstancial, debido a una etapa de estrés, apatía, abandono personal por una pérdida cercana o más grave, asociado a aspectos psicológicos que se traducen en los que se denominan Trastornos de la Conducta Alimentaria. Todo ello puede ser el reflejo exterior de cambios bruscos en la forma de ser, problemas en el entorno familiar, conflictos internos personales, falta de autoestima, obsesiones por los ideales de belleza impuestos, etc.

 

El ritmo de vida, las presiones ejercidas por el entorno social, así como el cambio de los valores tradicionales hacen que, en muchas ocasiones, se genere frustración, malestar interno y ansiedad en muchas personas que no sabe cómo canalizar estos sentimientos encontrados y se manifiestan en alteraciones y cambios en la alimentación, los denominados Trastornos de la Conducta Alimentaria de los que hablamos en estas líneas.

Según define la Asociación Contra la Anorexia y la Bulimia, los Trastornos de la Conducta Alimentaria (TAC) se asocian a desórdenes mentales “caracterizados por un comportamiento patológico frente a la ingesta alimentaria y una obsesión por el control de peso” que nos llevan a perder nuestro “Equilibrio emocional». En la gran mayoría de los casos, son de origen multifactorial y tienen su origen “en interacción de diferentes causas de origen biológico, psicológico, psicológico, familiar y sociocultural”.

El principal problema es que estas enfermedades, toda bajo el paraguas de la denominación Trastornos de la Conducta Alimentaria tienen consecuencias negativas en la salud integral de la persona, que se reflejan tanto en el ámbito mental como físico.

Los casos más conocidos o los que a todos nos vienen a la mente son la anorexia y la bulimia nerviosa, pero no queda todo ahí, hay muchas más alteraciones psicológicas o problemas que se reflejan en una inestabilidad en la alimentación.

En todos ellos, el denominador común, tal como destacan los máximos especialistas en los campos de Nutrición y Psiquiatría es que se trata de “nuevos desórdenes” asociados a la alimentación que tienen sus propias características y que se diferencian claramente de los trastornos denominados “clásicos”, que han sido la obesidad, la anorexia y la bulimia.

¿Por qué nacen estos Trastornos de la Conducta Alimentaria?

Junto a estas conocidas palabras comienzan a proliferar otras menos populares por la sociedad en general, pero que empiezan a hacerse más habituales entre los profesionales de la nutrición: diabulimia, ortorexia, potomanía, permarexia, vigorexia, sadorexia, drunkorexia-ebriorexia o seudorexia, entre otras.

Son nuevos trastornos o alteraciones en la conducta alimentaria asociados a personas que buscan la perfección estética o la plena salud, incluso a expensas de arriesgar su vida.

En este sentido ya se han pronunciado expertos de reconocido prestigio como el doctor en Ciencias Químicas y catedrático de Bioquímica en la Universidad Complutense de Madrid, Antonio Villarino Ruiz. En el manual titulado “Controversias sobre los trastornos alimentarios” publicado por el Instituto de Trastornos Alimentarios (ITA) de Barcelona, Ruiz resalta que estas conductas son “cada vez más frecuentes” y tienen un claro origen: el culto a la salud corporal buscando “la salud total”, acompañado por un canon estético ilusorio de la perfección “que nos conduce a modificar o, al menos a modular, los hábitos alimentarios”. Aunque se han clasificado según sus diferentes conductas, todos conllevan un desequilibrio psicológico.

Se trata de casos en los que hay que “hilar” más delicadamente, ya que suelen ser “subdiagnosticados” en consulta y, en una primera vista pueden pasar inadvertidos, ya que no todos presentan episodios diarios. Además, al no estar identificados socialmente, “una vez en la consulta del especialista pueden encontrarse ya en una fase complicada” indica Villarino.

Aunque no se consideren alteraciones importantes, en algunos casos, es importante corregirlos para evitar que deriven en riesgos graves para la salud “al ser consecuencia, mezcla o efecto colateral de la anorexia o la bulimia”, añade

A continuación se detallan los casos que más se están diagnosticando y que comienzan ya a tener su tratamiento por parte de médicos nutricionistas y psicólogos.

Ortorexia: Comer sano hasta límites exagerados

Se llama así a un trastorno alimentario que tienen las personas que están obsesionadas hasta límites exagerados por la “comida saludable”. Aunque en un principio parece incluso un aspecto positivo, el problema es que llevarlo más allá de lo razonable puede llevar incluso a la desnutrición, según indica el doctor de Estados Unidos, Steven Bratman, ya que puede desechar de su dieta alimentos que son necesarios. Fue precisamente él el que acuñó a este trastorno en el año 1997, basándose en el griego ὀρθός orthos, ‘correcto’, y ὄρεξις orexis, ‘apetito’, literalmente ‘apetito correcto’.

Para este Bratman, se trata de casos “obsesivos-compulsivos” con aquello que el paciente clasifica como “alimentación saludable”. Es tal su límite por cuidarse y no ingerir nada que no considere sano, que puede llevarle a no incluir nunca en su dieta alimentos que contengan grasas, conservantes, colorantes artificiales, etc.

Vigorexia: Obsesión por el físico e ingesta desproporcionada de proteínas

Otro de los trastornos mentales que puede repercutir directamente en una mala nutrición es la vigorexia o el complejo de Adonis, anorexia invertida o dismorfia muscular. Suele afectar, en la gran mayoría de las veces, a hombres jóvenes, con edades comprendidas entre los 18 y los 35 años.

En estos casos, la persona se obsesión por el ejercicio hasta un grado patológico y quiere incrementar como sea su masa muscular. Para ello, se ayuda de dietas restrictivas, ingesta exagerada de proteínas, suplementos proteicos y anabolizantes. Un coctel explosivo que acaba pasando factura.

De momento no se ha reconocido como una enfermedad por la comunidad médica internacional. Detrás de ella puede haber problemas fisiológicos o emocionales.

En el primer caso, se asocia a trastornos en las hormonas y los mediadores de la trasmisión nerviosa del Sistema Nervioso Central.

En el ámbito emocional, puede ser que aparezca esta conducta por una vinculación emocional del paciente con su entorno, así como por factores culturales sociales y educativos, que hayan derivado en un tipo de personalidad obsesiva.