5 productos que debes dejar fuera de una alimentación saludable

Una forma de cuidarnos es no incluir en nuestra dieta comidas y bebidas que poco aportan en una alimentación saludable.

No se trata de no probarlas nunca, pero sí se recomienda no incluirlos como un hábito. En la medida de lo posible, como norma general, es mejor evitarlos en nuestro día a día.

Todo ello, sabiendo que se trata de alimentos y bebidas que, a pesar de no ser buenos para nuestra salud, son especialmente adictivos y más apetecibles. O si no ¿Por qué apetecen tanto las bebidas gaseosas, las hamburguesas o las patatas fritas? Por eso, hay que ser conscientes de que su consumo debe ser ocasional.

Entre todos ellos, la bollería industrial, los productos catalogaos como “light”, la comida rápida, el pan de molde,

1. Bollería industrial

La ingesta de este tipo de productos se está disparando, con una incidencia no aconsejable entre los más pequeños. En este caso, son poco recomendables por el exceso de azúcar y también de sal, en cantidades demasiado elevadas, así como su elaboración con aceites y grasa de mala calidad. En su composición hay demasiados elementos poco saludables y su abuso hace que se desplacen alimentos más saludables en desayunos y meriendas, especialmente.

2. Productos “versión light”

Una de las mayores confusiones hoy día son los productos “versión light”. Se tiende a pensar que son beneficiosos, ya que no contienen tanto azúcar. Sin embargo, en estos casos se abusa de los edulcorantes, que no aportan energía a nuestro organismo. Tal como indica el Reglamento (CE) No 1924/2006 del Parlamento Europeo y del Consejo, las “versiones light” contienen un 30% de nutrientes menos que la original. En muchos casos se confía en que ese menor porcentaje de calorías es más saludable cuando no es así porque “light” no significa cero calorías. Asimismo, en contenido energético y nutricional también queda mermado.

Además, pueden influir y modificar la flora intestinal. La consecuencias son que pueden desplazar a las bacterias beneficiosas, de esta forma, nos predisponemos a a patologías como la obesidad o la intolerancia a la glucosa.

3. Las bebidas con burbujas y azucaradas:

El calor y el verano, más que en otras ocasiones del año, incitan a consumir bebidas refrescantes y con burbujas. Así de tentadoras son, pero, nada más lejos de la realidad para nuestra salud. No nos aportan nutrientes básicos y esenciales para nuestra alimentación equilibrada, sino una enorme cantidad de azúcar totalmente innecesaria, en torno a 35g de azúcar, unas 7 cucharadas por bote.

Tal como se recuerda desde la Organización Mundial de la Salud (OMS), en una sola lata de este tipo de bebidas de sabor de cola, naranja, etc. Se superan con creces las cantidades recomendadas de azúcar, que no deben superar el 10% de la ingesta total de alimentos diaria. Incluso va más allá de sus consejos e indica que lo idóneo sería reducirla al 5%.

Por hacernos una idea, en una dieta estándar de 2000 Kcal diarias, ese 10% supone unas 200 Kcal de azúcares, unos 50 gramos al día. Si nos ajustamos a la recomendación de la OMS del 5%, serían 25 gramos al día. Es decir, una sola lata de bebidas azucaradas ya supera el índice diario recomendado.

4. Comida rápida o prefabricada

Ahorrar tiempo no es sinónimo de saludable en la cocina. Un claro ejemplo, todo lo que viene ya preparado como las patatas fritas congeladas, las hamburguesas, los nuggets de pollo o lasañas prefabricadas, entre otras muchas tentaciones de comida rápida o pre hecha. Sabrosos y baratos, pero nada recomendables para nuestra salud. ¿Por qué? Pues porque es altamente rica en azúcares simples, salsas con mucho sodio, harinas refinadas así como grasas trans, etc. Si las consumimos de forma habitual, lo único que aportarnos a nuestro organismo es un incremento exagerado de la ingesta calórica y la posibilidad de aumentar nuestra grasa corporal. Todo ello con problemas de salud asociados como el riesgo cardiovascular, diabetes tipo 2, dislipemias (elevación del LDL-colesterol y de los triglicéridos) o incremento de la tensión arterial. Por ello, lo más indicado, mantener estos productos lejos de nuestra nevera y consumirlos de forma muy ocasional.

5. Las famosas palomitas de microondas o el pan de molde

Si no se puede resistir la tentación de una noche de plan de cine con palomitas, lo más recomendable es olvidarnos de las palomitas de microondas y hacerlas en plan “casero”. ¿Por qué? Porque las que hacemos nosotros aportan hidratos de carbono, vitaminas del grupo B, proteína vegetal y fibra, mientras que las del micro pueden contener sustancias químicas para aportar sabor y aroma como el diacetilo. Es más, las de cas, se pueden hacer con aceite de oliva virgen y con poca sal.

Otro ejemplo lo tenemos en el pan de molde, tan empezado para sandwiches y tostadas. Está hecho a partir de harinas refinadas de cereales (generalmente trigo), levadura, agua y sal. Resulta que este  tipo de harinas, aportan menos fibra, vitaminas y minerales, ya que eliminan la cáscara del cereal. Lo mejor, optar por el pan con harina integral.

Evitar riesgos innecesarios para nuestra salud es apostar por los productos más naturales y ferscos, especialmente en épocas en las que hay tantas frutas y verduras apetecibles: cerezas, sandía, tomates, etc

 

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